El Impostor
Yo no soy un artista. Al menos nunca me he considerado como tal. Ninguna nota, palabra ni partícula visible ha salido de mí, no son más que una copia en carbón tergiversado. No soy más que el hijo de los grandes maestros, la sombra de mis mentores que me enseñaron la magia de un haluro de plata bien posicionado, de frecuencias correctamente anguladas y del arte de dejar correr la tinta sin darle demasiado dirección y, aún así, llegar entero a puerto. Yo no soy un artista, la trama me obligó a parecerlo. Los comics de Hulk mal garabateados en lienzos carta para condensar nubes que difractaran los gritos de mis papás, los primeros cuatro acordes que formé se multiplicaron para perderme en mis audífonos y olvidar que existo, y los primeros apuntes en mi libreta fueron imaginando un ángel que, entre ascuas, me elevara a un lugar desconocido, me mostrara las luces de la ciudad sobre el cerro para que me diera cuenta de que el mundo era mucho más que lo que recluí a mi cuarto. ...