Podríamos estar buscando la misma cosa - Elegía a David Berman
Esta es una historia que inicia con su final, puesto que la primera vez que escuché sobre David Berman fue con las noticias de su fallecimiento, un día como hoy hace seis años. Decenas de notas que hablaban sobre un liricista brillante, cuyas contribuciones, más allá de lo sónico, residían en su incansable búsqueda de la perfección de la letra. La foto que usaban (casi) todas las notas eran de Bearman sobre un puente, viendo, con la cabeza inclinada, a la cámara. Un rostro que denotaba una falta de presencia pero que, aún así, inunda la fotografía con la misma; una imagen que, no importa cuanto tiempo pase, siempre ha resonado conmigo de alguna forma, incluso antes de escuchar su música. Las noticias pasaron a la semana, y no he escuchado a nadie hablar de Berman en años después.
Ante el revuelo, me decidí a escuchar el álbum que más había visto nombrado, Bright Flight, y... no pensé nada al respecto. Eso habla más de mi como escucha en ese momento que de el álbum en sí, el cual, curiosamente, no he revisitado en todo este tiempo. En ese entonces yo estaba obsesionado con el ecléctico Good News for People Who Love Bad News de Modest Mouse, con las cascadas de distorsión de Dinosaur Jr. y las ironías adolescentes de Sebadoh. Tendría que pasar tiempo, y yo estar en otra sintonía, para entender los aullidos de Berman.
Transcurrieron tres años antes que volviera a escuchar algo de él. Fue gracias a una serie de casualidades, había intercambiado los Big Muff que marcaron el rock alternativo de los años noventa por la gentileza del steel pedal, el juego entre susurros de guitarras acústicas y los chillidos de solos eléctricos avasalladores, donde armónicas y pianos bailan de la mano, sólo soltándose para dar pie a que los sollozos de vaqueros caídos en batalla suelten sus últimos alientos... o hablen de las bondades de los pantalones de mezclilla. Aún no estoy muy seguro de como me conquistó al country ni como llegué a el, pero bastaron un par de meses para que Zach Bryan se posicionara en lo más escuchado de mi 2022. En ese momento Zach se comenzaba a posicionar como la voz alternativa del country, género que llevaba nueve años sumido en el movimiento del "Bro Country", que cambiaba la sinceridad y la delicadeza acústica por enormes producciones, más cercanas a la música electrónica y el pop, que hablaban sobre tener camionetas gigantes, emborracharse como si no hubiera un mañana y lo bien que te ves en tus jeans (no, no es chiste, Grady Smith hizó un brillante video retratando el estado de la escena). Pasó del sonido que conquistó los noventas con los titanes Brooks & Dunne y, aunque usted no lo crea, Billy Ray Cyrus a un nivel global (No Rompas Más Mi Pobre Corazón es solo una traducción de una canción de Cyrus), que creó el monstruo del line dance combinando el honky tonk con la porción correcta de pop, siempre dejando el espacio para asincerarse sobre corazones rotos y dejar lugar a las historias que crearon el género en primer lugar.
Si bien, el Bro Country redujo el género a poco más que una broma, los dosmiles tampoco fueron años tan gentiles para los vaqueros, cuando el deseo por el baile y las botas de piel empezó a descender. Desde la mitad de la locura hasta el principio del fin, lo más cercano a un country alternativo era Silver Jews. Silver Jews fue un grupo creado en 1989 por los amigos y compañeros de universidad David Berman y Stephen Malkmus como una forma de diversión. Los primeros lanzamientos del grupo, compilaciones en cassette y, eventualmente, el disco Starlite Water de 1994, eran una forma de Berman y Malkmus por hacer la música más ridícula posible, discos que parecieran profesionales pero sonaran terribles al ser grabaciones caseras.
Poco después de iniciar Silver Jews, Malkmus fundaría otro grupo, Pavement. Los compilados caseros de Silver Jews tuvieron buena distribución local y empezaron a hacer toquines, pero Pavement despegó hasta la estratosfera en muy poco tiempo, dándole a los Jews la etiqueta de "un proyecto secundario de Pavement", con la que Berman no estaba nada cómodo. El mismo año que Starlite Water estaba moviéndose muy modestamente, Cut My Hair sonaba en radios universitarias por todo Estados Unidos, y Crooked Rain, Crooked Rain (ÉL disco insignia de Pavement) se hacía camino por el Billboard 200 y llegaba al número dos del Heatseekers.
Aquí quisiera hacer una intermisión para pedir un poco de permiso de escritor, puesto que cometeré una falacia histórica en lo que resta del presente. A mis ojos, ni Starlite Water ni los compilados pre-1996 son obras de Silver Jews. El grupo tiene el mismo nombre, el sonido sigue siendo un proto-country, pero esos trabajos son completamente distintos a lo que vendría después.
En 1995, David Berman, Stephen Malkmus y el resto de integrantes de Pavement se reúnen en un estudio a grabar el próximo trabajo de Silver Jews. A mitad de las sesiones, ante el estrés que uno de los miembros de Pavement había puesto $5000 dólares en su tarjeta de crédito para las sesiones y el estatus de los Jews como un proyecto secundario de dicha agrupación, Berman desaparece de las sesiones, sin terminar nada y dejando al resto perplejos y enojados, utilizando el ya pagado tiempo de estudio para grabar un EP. Este sería el fin de la asociación entre los dos grupos, y Malkmus no volvería a tocar nada relacionado con Silver Jews. Berman grabaría el álbum con músicos de sesión, resultando en The Natural Bridge, de 1996.
"I don't really wanna die, I only wanna die in your eyes". Recuerdo cuando escuché esa línea por primera vez. Antes que cualquier acorde, la voz de Berman abre el disco con un parte aguas brutal, con tal claridad que es imposible perderse el golpe. Parte de lo brillante de su escritura es el uso de metáforas y analogías por montón, muchas veces es difícil poder apuntar a la arteria por la que una canción fue dispuesta a transitar, y eso hace que, en cada oyente, tenga significados distintos, pero How to Rent a Room es de las más directas de toda su discografía. Es de una persona que está viendo como su relación se derrumba, o quizá está viendo los escombros. "I know you laughed when I left, but you only really hurt yourself"; "you can bet I'm betting against you again"; "You're a negative wishing well", todas lineas con una latente pasivo-agresividad sobre ya haber perdido la esperanza, tiene que rentar una habitación mientras resuelve a donde ira después que todo se desmoronó, y mantiene la ilusión que no toda su vida sea así.
The Natural Bridge te deja con el corazón en trizas, y da una ventana sobre el estado de Berman cuando lo escribió. Es un álbum sobre enfrentar el fin del amor, sobre cuestionarse la religión y la mortalidad, tratar de ver el lado ridículo de la vida para sobrellevar el dolor. Mantiene una línea muy delgada entre completa desolación y humor para tratar de balancear todo, pero hasta el mismo humor esconde tanto dolor. Por cada "I can't stand the look on my face when I don't know where you are" hay un "robot walks into a bar, orders a drink, lays out a bill, bartender says hey we don't serve robots, and the robot says oh but some day you will". Es parte de lo hermoso del disco, te mantiene de puntas tratando de descifrar sus significados, y si la siguiente estrofa te sacará una sonrisa o te llevará a las lagrimas.
El único semblante de esperanza llega con la última canción, pero es engañosa. El locutor le habla a una persona que ya se rindió en sus sueños, ve los posters en las paredes de su cuarto que alguna vez le evocaban aspiraciones, pero ya no le traen nada a la mente. A primera vista, una línea como "elephants are so ashamed of their size, hosing them down I tell them, you've got pretty eyes" puede parecer irreverente, pero es la forma de tratar de animar a una persona que tiene tantas inseguridades que es imposible saber de donde abordarla. El disco termina con la aparente muerte del narrador, con "final words are so hard to devise, promise I'll always remember your pretty eyes". Quizá era el intento de mantener a alguien con vida con la ironía de él mismo no poder vivirla, o de haber perdido cualquier esperanza con ese esfuerzo.
No todo recae en la excelente lírica, en un aspecto musical tiene un excelente balance entre momentos melancólicos, puentes que te hacen chisquear los dedos y crescendos de guitarras al límite de los dedos, no hay una sola guitarra distorsionada, al menos con pedal o efectos, en todo el disco, únicamente tiene la clase de distorsión causada por tocar demasiado fuerte, cuando las frecuencias de las cuerdas y cada golpe se empiezan a mezclar y las pastillas no logran separarlas.
The Natural Bridge es el disco mas triste de la discografía de Silver Jews. Seguirían otros cuatro trabajos entre 1998 y 2008. Se mantendría constante el sonido proto-country de los Jews, con algunos toques más inclinados al rock alternativo pero nunca haciendo un salto real. El cambio constante sería el ruido, literal y figuradamente. American Water (1998) está grabado con mayor fidelidad de sonido e introduce guitarras distorsionadas con todas las de la ley, así como canciones rítmicamente más veloces y para Tanglewood Numbers Berman ya estaba más que cómodo con canciones rozando con el honky tonk y sin miedo a introducir elementos cercanos al punk folk. Los temas dejaron de tocar las rupturas y se enfocaron más en personajes solitarios buscando amor y compañía, en canciones como Honk if you're Lonely Tonight, sobre un narrador melancólico tratando de conseguir una pareja para la noche con quien ojalá formar un vínculo más serio, o Punks in the Beerlight, sobre si el mundo ya se esta derrumbando, al menos derrumbémonos juntos.
Todo venía acompañado de cambios en la vida de Berman. Encontró un refugio espiritual en el judaísmo, conoció a Cassie Berman, su eventual esposa, y halló un mayor confort en Silver Jews. De lanzar The Natural Bridge pensando que todo era un gran error y mantener la banda como un proyecto de estudio a decidir hacer un tour en 2005 que lo llevaría a lugares por todo el mundo. Nunca dejó de tratar la melancolía, la fragilidad de la vida ni la religión, sino que lo empezó a hacer con un toqué más brillante, no positivo, pero si menos hacía la autodestrucción y la ruina. Berman intentó suicidarse en 2003, pero conllevó una extensa rehabilitación.
Esto impactó masivamente los trabajos de los Jews publicados en 2005 y 2008. No son exactamente positivos, pero si marcan una visión diferente sobre la vida. Quizá las cosas ahora no están bien, pero hay un millón de caminos y posibilidades abiertos, y quizá aguantar es la única forma de ver si llevan a un lugar mejor. El ejemplo perfecto de esto viene con la canción que cierra Lookout Mountain, Lookout See (2008), "we could be looking for the same thing if you´re looking for someone; we could belong to each other if you aren't seeing anyone"; "hope I don't come across as a coyote in your eyes, 'cause I've been around some and I've seen enough to know we could both spend happy lives inside the days of you and me". Un tema que concluye el círculo, desde la desolación y la perdida hasta el encuentro y la posibilidad de la felicidad y la plenitud. Está terminaría siendo la última canción de Silver Jews.
El 31 de enero de 2009, Silver Jews daría su último concierto. En palabras de Berman, era mejor irse antes de hacerse malos, aunque las razones del fin del grupo nunca fueron completamente claras debido a las entrevistas que reportan cuestiones distintas. David Berman prácticamente desapareció los próximos diez años. Perdió la fe en el judaísmo y dejó de creer en Dios, tuvo una disonancia entre la idea del artista y el mercader y en 2018 se separó de Cassie, aunque nunca se divorciaron legalmente. Sobreviviendo de lo poco que le daban las regalías del trabajo de los Jews, en mayo de 2019 lanzó un nuevo proyecto de la nada.
Escuché el homonimo de Purple Mountains justo después de The Natural Bridge (quizá antes, el recuerdo es borroso), tardaría hasta después de hacer el recorrido de la discografía de Silver Jews para comprender todo el peso del álbum. The Natural Bridge era sobre alguien cuya vida se estaba cayendo a pedazos y estaba al borde del colapso, pero Purple Mountains es sobre alguien que ya se rindió. Una persona que no le queda ninguna felicidad, que no aguanta salir ni al centro comercial sin estar ebrio, que ve al amor de su vida salir con otras personas mientras él no puede levantarse de la cama y, a pesar de todo esto, no se siente lo suficientemente importante para ser protagonista de su propia vida. Es una escucha devastadora. El acompañamiento de esta persona que se sigue golpeando a pesar de ya estar noqueada son ritmos juguetones y pegajosos, en algunos casos bailables, himnos enormes con coros construidos, es una desconexión terrible. El único tema que parece entender su situación es "Nights that Won't Happen", que habla sobre el después de la muerte, sobre lo egoísta que se convierte al el sufrimiento ser de quienes se quedan, pensando en las noches que nunca volverán a tener contigo.
Hay una relación que me destroza, aunque dudo que sea intencional, entre Pretty Eyes (The Natural Bridge) y Nights that Won't Happen. "All houses dream in blueprints, our houses dream so hard, outside you can see my shoe prints, I've been dreaming in your yard" es un pasaje tan lleno de luz sobre el amor con otra persona, mientras que Nights that Won't Happen ataca con: "ghosts are just old houses dreaming people in the night, have no doubt about it hon' the dead will do alright". Suena a alguien tratando de convencerse con el más allá, que es lo único que necesita para volver a estar bien. Una casa sueña con planos del futuro, la otra con la gente que la solía habitar.
David Berman se suicidó poco después del lanzamiento de Purple Mountains. Parecía tener esperanza en el álbum, anunciando un tour de apoyo con el que planeaba salir adelante económicamente y poder volver a hacer música, pero todo se fue en un instante. El disco es difícil de escuchar por si solo, devastador conociendo el contexto, e imposible después de hacer el recorrido por la trayectoria de Berman. Es un diafragma que se cierra con cada detalle, hasta que solo queda completa oscuridad. Es difícil volver a escuchar su discografía, se torna en un enfrentamiento interno muy complicado para mí porque no puedo evitar llenarme de la esperanza que construía Berman, incluso en sus peores momentos, a sabiendas que no fue suficiente para el, que todo eso condujo a un final trágico. A veces trato de olvidar el desenlace, aunque sea por un momento, esperando que el narrador llegué a mejor puerto.
Escuchar Purple Mountains, simepre me pone muy triste, y no melancólico, pero extraño y ahora lo entiendo un poco más tras leerte
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